28 diciembre 2006

Tomar decisiones

Vivir consiste básicamente en tomar decisiones. El acto de escoger entre distintas alternativas y encaminarse por una de ellas hasta llevar nuestro propósito a su final, es algo que consciente o inconscientemente tenemos que hacer todos los días. Algunas decisiones son automáticas, se convierten en hábitos, y no son muy trascendentales para el individuo, como por ejemplo, comer, dormir a unas horas determinadas, etc... El verdadero intríngulis se plantea cuando estamos ante una elección no habitual en la que sabemos que de nuestra decisión depende nuestro bienestar futuro.
Hay que matizar varias cosas. En primer lugar, muchas veces las alternativas nos vienen impuestas, en ese caso no hay que preocuparse por esta cuestión, y simplemente hay que predecir los pros y los contras de una u otra alternativa y decidirse por una de ellas, todo a la luz de los valores personales de cada uno (yo valoro más la amistad, pues yo la familia, pues yo el amor, pues yo el trabajo, yo la seguridad ante todo, a mí me gusta el riesgo y ganar pasta, etc).
Por otro lado, hay veces que nosotros mismos tenemos que ser los que decidamos previamente entre qué alternativas podemos decidir, valga la rebuznancia. Ahí es donde hay un punto de escape para la angustia que puede suponer tomar una decisión, ya que es posible que con imaginación encontremos una vía mejor que las que se nos ofrecían al principio.
Decidir implica abandonar una posible vía, o muchas, rechazar, negar un futuro probable, pero a la vez ganar otras oportunidades. Es un proceso común y necesario en el ser humano y hay que aprender sobre todo a ser coherente con nuestras decisiones.
Como curiosidad, hay una parte del sistema nervioso, no recuerdo bien su nombre, que une el sistema límbico, centro de las emociones que sentimos como alegría, dolor, tristeza o amor, con las áreas superiores del cerebro, la corteza cerebral, que es la que nos permite tomar decisiones y planificar. Pues bien, esta historia es complemente real. En una operación que se le tuvo que realizar a un paciente se le tuvo que seccionar este cuerpo de nervios que une ambas partes del cerebro (emocional-abstracta, a grandes rasgos). Pues bien, la operación fue un éxito y el comportamiento del individuo era aparentemente normal. Sin embargo, cuando tenía que tomar decisiones tan básicas como qué ropa ponerse o qué tomar de desayuno, esta persona comenzaba a divagar y a evaluar infinidad de pros y contras hasta que al final no conseguía decidirse, hecho que no se había observado hasta la operación. Lo cual muestra la importancia de las emociones a la hora de tomar decisiones.

2 Comments:

At 4:44 p. m., Anonymous Anónimo said...

Todo lo que hacemos importa... la vida para mi, aunque suene a todo eso que nos venden y tu criticas tan fervientemente, es un SERENDIPTY o DOS VIDAS EN UN INSTANTE... las decisiones que tomamos estas directamente asociadas al contexto y nuestro estado emocional, no hay duda... es como cuando leemos un libro: sea mejor o peor si nos pilla en un estado de predisposición a identificar el relato con nuestro momento personal el libro nos enganchara... si no es asi posiblemente ni nos guste...

 
At 7:04 p. m., Blogger Joel Fleischman said...

Es cierto, completamente cierto. A mi una música, en un determinado momento de mi vida que se asocia a esa música, puede llegar a convulsionar mi sensibilidad de manera exagerada.

Yo no critico el amor, y las buenas obras de arte, las mayores obras de arte, están inspiradas por un profundo amor. Otra cosa es que el amor se emplee también para inflamar las carencias emocionales de la carne de hamburguesa que habita el planeta tierra civilizado.

 

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