22 diciembre 2006

Estamos en Navidad,


la época de los tópicos, del márketing disfrazado de galas benéficas, del consumismo desatado y enfebrecido, de los buenos deseos, de las comilonas bestiales, de viejos conflictos familiares olvidados y sacados de nuevo a la luz, de personas solitarias viendo la televisión sin un amigo o una familia con la que compartir unos días de amor....


Pero no nos dejemos llevar por las apariencias. Además de la Navidad, que hoy por hoy en nuestro país llega a ser incluso más laica que el propio Estado, se cierra el año, y es tiempo de realizar balance de lo que ha sido el 2006 y del nuevo horizonte que amanece al albor un año con dígito de rima fácil.


Este año para mí ha sido fundamental en mi vida. Ha sido un auténtico turning point. Mi existencia se ha visto afectada por hechos tales como acabar la época de estudiante y ponerme a trabajar, entre otros. He tenido algunas pruebas, he conocido a mucha gente, ha habido grandes momentos y ha habido bajones increíbles. Nunca olvidaré este 2006 que se cerrará dentro de poco y en el que he tomado con fuerza las riendas de mi vida. Puedo concluir que me he superado a mí mismo, he llegado más allá de dónde se esperaba que pudiera llegar.


Amanece el 2007, ya puedo escuchar las campanadas, el cava, las copas, la música y el zumbido atontador (atronador) de la fiesta. Vistámonos con nuestras mejores galas, con caras sonrientes y ojos brillantes, para recibir este año que nos traerá todo aquello que deseemos fervientemente, aunque sea el deseo de no desear nada. Amémonos como él nos amó, evitemos el sufrimiento y el miedo, cantemos y bailemos, que mañana ayunaremos, riamos y trabajemos, luchemos y aprendamos, leamos y divirtámonos y encontrémonos para conocernos y para ayudarnos.


Que la música suene siempre en vuestros oídos y en vuestro corazón.