19 noviembre 2006

Mucha gente cree que la felicidad consiste en tener a alguien especial al lado. En nuestra sociedad occidental es un tópico tan aceptado, que la mayoría de la gente no lo pone en duda.
En mi opinión es un tópico que crea seres humanos a medias, cuya única posibilidad de realización personal consiste en encontrar a otra persona que no sólo se ajuste al ideal que este individuo se ha formado de pareja sino que además debe darse la circunstancia de que la otra persona tenga un ideal al que se ajuste también el individuo, y no sólo eso sino que ambas personas estén buscando lo mismo, y también que coincidan en el tiempo, en el espacio y en una situación que les permita conocerse y con unos condicionantes (no mantener ninguna otra relación en ese momento, generalmente no tener una grandísima diferencia en edad, etc.) que no impidan un correcto desarrollo de lo que conocemos como enamoramiento feliz y que nos venden enlatado en rollos de 35mm industrialmente desde un lugar soberbio y decadente llamado Hollywood.
Pues bien, queridos tortolitos y aspirantes a tortolitos del mundo entero, no sé si os habéis dado cuenta de lo que esto quiere decir. Hay tantos tipos de amor como personas en el mundo, pero el amor al que la mayoría de la gente aspira por culpa de la inmisericorde y nociva sugestión de hollywood y de millones de canciones bonitas y tontas que llenan de dinero los bolsillos de cuatro artistócratas y media docena de multi-irr(n)acionales y de pájaros las cabezas de los millones de habitantes que les llenan a ellos los bolsillos, ese amor, es una falacia cruel, un infeliz avatar de la tradicional tortura china empleada a escala mundial para aprovecharse de los sentimientos de una humanidad aquejada de una profunda estulticia (a pesar de) agravada con el paso de los siglos.
Yo no renuncio al amor, pero sí renuncio al engaño. El amor y el hambre son los impulsos fundamentales del hombre. No disfracemos pues algo tan básico y tan importante y tirémonos a la piscina de la realidad sin prejuicios. La felicidad es una sensación que cuando se busca no se encuentra, como la mayoría de las cosas que se buscan, cuando se encuentra no se aprecia, pues tan grande es su fuerza que altera hasta la percepción de la realidad, y cuando se aprecia ya no se tiene, pues es ley humana llorar muy adentro la la dicha perdida.

3 Comments:

At 4:45 p. m., Blogger Tatharmith said...

Estoy al 100% de acuerdo contigo. No lo has podido expresar mejor... Por eso me encanta el cine, porque es ficción y sueño y eso ya aporta felicidad. Lo malo es querer que nuestra vida sea "de cine"

 
At 9:08 p. m., Anonymous Anónimo said...

Tio, no tengo ni idea de kien eres, he encontrao tu texto por un enlace de un blog... q bueno!!!

 
At 3:24 p. m., Blogger Joel Fleischman said...

Gracias por los comentarios. No quería hacer el típico discurso anti-cine anti-sistema, simplemente quería expresar mi opinión sobre el tema recurrente del amor en los medios de comunicación y su utilización.
Lo más interesante sería que cada cual fuera capaz de tener su propia opinión sobre el tema, por supuesto cuanto más ajustada a la realidad mejor.

 

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